miércoles, 5 de septiembre de 2007

Hace poco conocí

Hace poco conocí a una mujer con dos manos que podían matar, tenia dos ojos (cosa extraña) que hacían guerrillas cuando estos se plantaban en el cuerpo suelto de cualquiera. Cantaba con su boca de vergel secretos de alcoba de amantes solitarios, murmuraba con sus manos, esas tan extrañas, perversiones que aun no descubría. Ella me decía que era Santa, cosa extraña, que no era capas de besar a nadie que ella no conociera bien, que no era capas tampoco de entregarse a ojos ciegos, a manos frías, a cuerpos vacíos. Decía que lo haría sólo con Ángeles. Jamás le creí, pero la seguí buscando, sabia que en el fondo deseaba cualquier cuerpo y caricias lentas aunque no fueran sinceras, besos intensos y fuego de piel desnuda. La contemplaba, escuchaba sus silencios, eran poco frecuentes, con sus miradas esquivas me decía tanto, por ejemplo, que anhelaba desnudarse y mostrar sus heridas, que no sabia olvidar a su verdugo, su silencio me hablaba de miedos bien enterrados y de sueños ya olvidados, que deseaba gritar ese silencio que desgarra almas solitarias, volar mas alto que los rascacielos y despedirse al menos por un rato de este pavimento citadino, ardiente y esquivo.
Esa mujer con manos llenas de cicatrices por no saber amar, me enamoró con su voz llena de flamas, con sus manos, esas tan extrañas, que escribían silencio y se contradecían a la hora del amor. Me invitó a volar una noche en la que no había luna y en la que dejé por un rato libre mi corazón. Creo que aprovechó ese momento para hablarme de amaneceres, de arena marina y de caracoles disecados, de monedas de plata y de paletas amarillas que no significan desprecio, de crucifijos que se envuelven con mentiras y laberintos sin salida, de lloviznas que desaparecen por un momento y de tardes llenas de melancolía.
Maldita mujer, bendita efigie que entró en esta mirada en la que después ya no la encontré. Esta misma mirada que le gritaba a esa Venus en llamas que la deseaba.
Maldita mujer, bendito hechizo el que hiciste para que estas manos dibujaran tu desnudes jamás nombrada; bendito conjuro iluminado que te apareciste para nombrarme por ultima vez en esta mi corta vida.
¿Porqué? Siempre termino preguntándote, porqué nunca me encontré en tu mirada, porque me perdí en tu laberinto, en ese que construiste para que no me encontrara después de besarte: ilusión nocturna y cómplice de la noche. Te dije más de una vez que te amo y te perdiste entre la niebla porque te asustaste. Te pedí más de una vez que no te fueras, que te internaras en este bosque dispuesto para darte cobijo, pero te largaste.
Tal vez tienes razón, tal vez siempre la tuviste. Tal vez siempre diste un paso de más, nunca te despojaste de ese traje de hierro que te caracteriza. Solo querías ver como eran mis heridas para tocarlas, para sentir esa sangre ya un poco seca en mi piel marchita. Sólo querías descubrir la lujuria que siempre ha habido en ti para después dársela a tu verdugo, ese maldito verdugo que te obliga a alejarte de mi. Yo, que tal vez nunca seré tu príncipe pequeño, pero si podía ser ese árbol en que te resguardaras de la tormenta próxima en este verano.
Yo, que jamás podré obsequiarte una tarde llena de risas porque mi silencio es mi mejor acompañante, ese mismo silencio que me ayudo a descifrarte, a conocerte en el planeta de los signos. Maldito silencio, también lo maldigo, porque fue el mismo que esa tarde me obligo a rogarte en silencio que no te fueras, que te quedaras un poco más, ese mismo silencio que me invita a cantarte sin mover los labios, solo los ojos, estos ojos que estaban dispuestos a morir para seguirte viendo. Estos ojos, benditos ojos que te tuvieron por un instante y te murmuraron cuánto te amaban. Malditos ojos que ahora se acostumbran a sólo tener tu sombra. Bendita sombra que te quedas para repetirme que no vuelva a dejar suelto mi corazón, extraño corazón. Extraña mujer con ojos y manos extrañas...

1 comentario:

luisa vinet dijo...

... Este me gusta en demasía; me trae recuerdos de hace años, me arrullan esas palabras y debo decir, que hasta me encuentro entre algunas líneas.
Gracias por estar ahora aquí.
Abrezos

a.